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Gabriel HIlsaca

 

A veces escribo, no lo hago tanto como realmente quisiera, pero al menos lo hago, y lo considero una de mis más grandes virtudes. No lo digo de una manera presumida, me odiaria si así fuese, tan solo que aquello se ha convertido en el eje principal de mi existir, o a donde eventualmente termino por direccionarlo todo, como una especie de agujero negro.

 En especial después de haber lanzado al público una novela, con tan solo dieciocho años, recien graduado del colegio, entusiasmado, joven y tonto. Obra que titulé Valentina, por mi hermana, –aclaro: la historia no tiene nada que ver con ella. No estoy enfermo.- pero eso no viene al caso en este momento. El punto es que todo nace a partir de eso en lo que me sentí genuinamente bueno, y que además de alguna manera desintoxica emocionalmente, le da rienda suelta a la imaginación de esta mente inquieta y permité expresar un centenar de pensamientos buenos y malos, críticos e indiferentes, sustanciosos e incipidos y chistosos o aburridos. Entendí que escribir es mi pasión, y que mi sueño es convertirme en un escritor, por es que o hago (escribir); La parte en que lo hago a veces es porque estoy convencido que se debe soñar mucho para poder crear, hay que crear mucho para de verdad existir, que se debe existir para poder vivir cada sueño y que se debe vivir cada sueño para, en mi caso, poder escribir. Me convencí de eso una vez me vi frustrado por el tranquilo pasar de las cosas que no suceden de la manera que uno quisiera. Es un proceso lento, por eso es que no escribo todo el tiempo, o al menos tanto como lo creo necesario; me distraigo en el curso de ideas que acabo de mencionar, pero lo disfruto, de eso no hay duda. Y si hay algo que se debe tener en todo este proceso creativo/ artístico (llamalo cómo quieras) es paciencia; lo peor que le puede suceder al humano es desesperar y darse por vencido.

Creo que todo esto aplica para cualquier tipo de persona como yo, una común y corriente. Entonces si es de ponerme un título prefiero el de un humilde soñador. Hay un montón de cosas que podría mencionar acerca de mí, pero como ya les dije: el escribir se ha convertido el eje principal de mi existir. Y no me molesta en lo absoluto. Hay mucho de mi en mi obra; los invito entonces a que lean Valentina, y a que persigan su sueño sea cual sea.

Mi nombre es Daniel Franco, y a veces escribo.

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